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La leyenda urbana más terrorífica: la mujer de la boca cortada

por Carlos Zuriguel Pérez

Tokio, noviembre de 2012. Todavía es temprano, aún faltan unos minutos para las nueve de las noche, pero de repente se ha desatado una fortísima tormenta, dejando prácticamente desiertas las calles del centro de la capital de Japón.

Aomame está feliz, acaban de comunicarle un gran ascenso en el trabajo. Desde hace unas pocas horas y, pese a su juventud, solo tiene 28 años, es la flamante nueva jefa de proyectos de una de las empresas de software más importantes de Japón.

Es sin duda uno de los días más felices de su vida, sus esfuerzos han valido la pena: las noches sin dormir pegada a los libros, las interminables horas en la empresa sin detenerse ni siquiera para comer. Sus padres ya lo sabían y se habían emocionado tantísimo que incluso habían roto a llorar. Ahora tocaba comunicárselo a su novio, con el que vivía desde hacía pocos meses en un pequeño pero lujoso apartamento de una de las mejores zonas de la gran urbe asiática.

Estaba tan exultante que no le importaban ni los truenos, ni el fortísimo viento que se había levantado de repente. Ni siquiera le inmutó que la pertinaz lluvia la estuviera calando hasta los huesos. Cuando llegara a casa se quitaría la ropa húmeda para, a continuación, darse un reconfortante, y merecido, baño caliente mientras su novio le preparaba una suculenta cena a base de sushi bañada con un buen vino.

De repente, medio borrada por la tupida cortina de agua creada por la tormenta, divisó a unos pocos metros delante suyo la silueta de una mujer joven. «Vaya, otra como yo a la que no le importa empaparse» pensó.

La mujer aceleró el paso y se plantó ante Aomame, que se asustó un poco, pero al ver que se trataba de una mujer joven y bien vestida en seguida recuperó la confianza. Únicamente le llamó la atención que la mujer llevara la boca tapada con una mascarilla como las que usan los cirujanos, lo cual no es extraño en Japón y otros países asiáticos para evitar enfermedades y protegerse del aire contaminado.

—¿Soy hermosa? —La mujer de la cara tapada hizo esta pregunta en un tono que basculaba entre la dulzura y la ansiedad, como buscando desesperadamente una respuesta que acabase con una duda que le hacía sufrir muchísimo.

Una vez recuperada de la sorpresa inicial por esa pregunta tan directa, Aomame se fijó en las facciones que quedaban al descubierto de esa mujer, sobretodo en sus bellos y enormes ojos verdes. Seguidamente y sin dudarlo, respondió:

—Sí, claro que lo eres. ¿Por qué me lo preguntas?

—Por esto —dijo la mujer mientras retiraba la máscara de su cara.

La mujer dejó al descubierto una terrible hendidura en su boca, que se extendía de oreja a oreja, provocando la falsa sensación de una terrible y escalofriante sonrisa.

—¿Y ahora? —volvió a preguntar.

—¡Nooo! —gritó desgarradoramente Aomame mientras se tapaba la cara con las manos, ya que no era capaz de seguir viendo aquel horrible rostro desfigurado.

A continuación, la mujer desfigurada sacó unas enormes tijeras del rostro y le cortó la cabeza. La infortunada Aomame ni siquiera vio venir la muerte de cara, ya que estaba petrificada y con los ojos tapados por sus propias manos. Paradójicamente, la exitosa mujer perdió la vida el día más feliz de su existencia.

Esta leyenda urbana de terror japonesa tiene su origen mucho tiempo atrás, en la época de los samurais. Uno de ellos, trastornado por las constantes infidelidades de su guapísima y vanidosa esposa, en un ataque de celos y furia le cortó la boca de un lado a otro con su espada mientras gritaba «¿Te crees hermosa? Pues ya no lo eres». Desde entonces, el espíritu de esa mujer vaga por las calles japonesas preguntando por su belleza a hombres y mujeres.

Seguro que os cuestionareis que hubiese sucedido si Aomame hubiese respondido a la mujer que sí, que seguía siendo hermosa tras ver su cara desfigurada. Pues que el castigo hubiese sido aún peor que la muerte. Le hubiese cortado la boca de lado a lado para que sufriese su misma suerte durante el resto de sus vidas.

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